¿Será Markdown la solución para mi flujo?

Hoy día nadie te libra de tener que hacer dos veces lo mismo si quieres editar un texto en papel y en, pongamos, ePub. Y si en lugar de dos salidas posibles eliges tres (papel, ePub, pdf), mucho me temo que vas a tener que repetir tres veces lo mismo. Y si en lugar de tres son cuatro (papel, ePub, pdf, página web online), pues prepárate a repetir cuatro veces las mismas rutinas: etiquetar cuatro veces los encabezados y capítulos, numerar cuatro veces las notas al pie, maquetar cuatro veces de cuatro maneras distintas la bibliografía…

No existe una rutina de trabajo editorial que me permita hacer de una sola vez las tareas básicas de edición y que éstas sean utilizables para todas las salidas posibles. Esto tiene una implicación industrial, obviamente, pues el trabajo de edición no puede ser estructurado ni racionalizado de modo óptimo, lo cual encarece procesos y a menudo hace que las editoriales descuiden, o desistan, de alguno de los resultados finales.

Lo más parecido que yo conozco a un control central sobre la edición de un texto podría ser inDesign de Adobe, que ofrece en sus últimas versiones varias opciones de mover el texto desde/hacia varias posibles salidas tanto impresas como digitales. La intención de InDesign es que la aplicación sirva como “punto cero” que permita exportar el texto hacia varias salidas posibles con sólo unos clics.

Pero InDesign no deja de ser hijo de su tiempo: un software de maquetación de libros y material impreso pensado para diseñadores gráficos y maquetadores. Sólo el hecho de que para comenzar a trabajar con inDesign haya que decidir un tamaño de página ya se contradice con la propia manera de escribir en aplicaciones populares como Scrivener, donde el lienzo no es la página, es la pantalla, pues es la pantalla y no la página donde se van a leer esos textos. Y las pantallas no tienen un tamaño único y definido, sino que conforman una suerte de lienzo líquido que va desde la pantalla del smartphone hasta el monitor del ordenador de casa.

InDesign –además de lo obvio: es un software privativo, caro, lento de aprender…– parte de un paradigma editorial según el cual las publicaciones digitales son adaptaciones de publicaciones impresas. Me temo que cada vez más esto va a ser al revés, y son las publicaciones impresas las que van a ser adaptaciones de publicaciones que en origen son digitales. De hecho, hoy día puede decirse que TODOS los textos son digitales en origen.

Por tanto urge un flujo de trabajo editorial en el que pueda existir un solo proceso que se bifurque sólamente muy al final, cuando haya que decidir hacia qué salida se envía la publicación, el libro. Y aquí es donde está el atasco. Ese flujo de trabajo no ha llegado aún.

Ramiro Santa Ana Anguiano ha escrito un extenso artículo/pequeño ensayo titulado Historia de la Edición Digital publicado en el Blog de Mariana Eguarás, donde ofrece algunas pistas interesantes acerca de este tema, partiendo del concepto Simple Source Publishing. Ramiro Santa Ana Anguiano defiende la idea de crear un Documento Madre a partir del texto original aportado por el autor. Un Documento Madre que sería el resultado de estructurar y ordenar el texto original (encabezados, capítulos, separación de notas y bibliografía…) utilizando un sistema de marcado ligero: ni más ni menos que usando Markdown, un lenguaje desde luego más sencillo y rápido de aprender que el HTML. El texto original convertido a Markdown sería lo más parecido a un “punto cero”, un documento desde el cual es relativamente sencillo pasar a HTML (de cara a la programación de eBooks), convertir en XML y de ahí a InDesign (para salidas impresas o pdf) o incluso mantenerlo online gracias a plataformas como GitBook que tienen a Markdown como su sistema de marcado de cabecera.

Es importante tener presente lo de relativamente sencillo, pues convertir documentos Markdown a otros sistemas puede requerir del manejo de software como Pandoc –que exige el manejo de líneas de comandos en la Terminal del ordenador, por ejemplo–. Es sencillo, pero relativamente.

El planteamiento interesante de Ramiro Santa Ana Anguiano es idear un flujo de trabajo en el que el el editor se limite a editar. Es decir, que su trabajo se limite a bregar con el texto original usando una herramienta ligera y sencilla como Markdown. Luego habrá programadores que programen o maquetadores que maqueten con herramientas más complejas y precisas, pero sin tener que volver a empezar desde el principio y respetando el trabajo de edición que ya les viene dado.

¿Será entonces Markdown el eslabón perdido del flujo de trabajo editorial?

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