Espías en el ebook (en forma de javascript)

Cuenta Andrew Rhomberg en este artículo unos pequeños retazos de una investigación acerca de hábitos de lectura que están haciendo en su empresa. La empresa de Rhomberg es JellyBooks, un proyecto que ha implementado sistemas de búsqueda y recomendación de libros editados digitalmente, ofreciendo samplers gratuítos y facilitando a los usuarios compartir recomendaciones y valoraciones en redes sociales. JellyBook además está haciendo estudios de hábitos de lectura en muchos aspectos, orientados hacia lo que ahora se llama data-smart publishing, es decir, aplicar modernos sistemas de recolección y procesamiento de la información asociados a los hábitos de lectura digitales.

Su estudio habla de diferencias de género a la hora de mantener el interés de lectura de un libro, porcentajes de abandono según el sexo del lector (o lectora, pues reconoce que en su estudio había mujeres en una proporción de 80/20 frente a los hombres), géneros literarios preferidos por uno u otro sexto, etc.

Las pequeñas pinceladas de su investigación son interesantes, claro, pero lo que a mí me ha llamado la atención es cómo han hecho la investigación: metiendo un espía javascript dentro de los ebooks, en concreto el script candy.js, un script pensado originariamente para desarrollar sistemas de chat. Los usuarios obtenían gratuítamente unos ebook realizados en epub3 implementados con candy.js, de modo que al final de cada capítulo aparecía un botón de “actualizar” que el usuario debía pinchar cuando llegara a ese lugar, es decir, cuando hubiera leído tal o cual capítulo. En este momento candy.js enviaba el feedback a los investigadores. Todo esto con el consentimiento informado de los lectores/cobayas, a los que se les habían pedido datos básicos de género/edad para acceder a los ebooks.

Andrew Rhomberg en su artículo constata cómo los hombres son más impacientes que las mujeres en determinados géneros, incluso afirma que el autor debe esforzarse en ganar la atención de los lectores en las primeras 20-25 páginas de su libro, es ahí donde deben poner los datos claves del suspense de la obra y olvidarse de lo que él llama “rumbling introductions”, es decir, no dar demasiadas vueltas en la introducción y meterse en harina desde el principio.

Todo esto puede ser medido ahora al milímetro si se usan estas tecnologías, y un escritor puede llegar a saber en qué momento exacto el lector declinó la atención, en qué capítulo, en qué frase… tal vez en aquella frase que el escritor no sabía si debía meter o no, pero al final la metió porque aunque era larga era bonita, y fíjate, justo ahí se me van los lectores, hay que joderse…

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